Para abordar la prevención de los TME causados por las posturas forzadas, hay que tener una visión clara, entendedora y global deldiseño biomecánico humano entendido como un sistema total en actividad. Existen unos principios fundamentales de diseño biomecánico que rigen la postura y el movimiento, siendo este un conocimiento imprescindible.

Los odontólogos son capaces de utilizar las manos con un control y sensibilidad exquisitos, dominando habilidades de una extraordinaria complejidad y sutilidad. Aun así, ninguna de estas habilidades profesionales sería posible si como especie no hubiéramos evolucionado hacia la postura erecta.

La evolución nos ha proporcionado un sistema de apoyo vertical (postura erguida bípeda) para las acciones específicas de las manos que, cuando funciona en correspondencia con su diseño, lo puede hacer con la máxima eficiencia y sin esfuerzo.
Este “sistema de apoyo vertical” más amplio es el sistema básico del cual dependen todos los otros sistemas, como la respiración o el uso de las manos.

Si nos fijamos en la respiración, por ejemplo: se pueden realizar ejercicios concretos para hacer mejoras específicas, pero a menos que se entienda correctamente el diseño total en que se basa la respiración, se estará trabajando con una gran desventaja, porque este “sistema de apoyo vertical” más amplio es el factor determinante. Un odontólogo con una postura muy encorvada podrá hacer muy poco para mejorar su respiración salvo que en primer lugar mejore su postura, cosa que activará este “sistema de apoyo vertical”.

Dado el caso de las molestias lumbares: hay muchas aproximaciones, métodos y procedimientos de mejora, como por ejemplo ejercicios y estiramientos, para alargar, fortalecer y aflojar los músculos. Aun así, los músculos de la espalda están inextricablemente ligados a la postura erecta. Para que un grupo de músculos concreto pueda funcionar correctamente tiene que hacerlo en consonancia con este sistema más ancho.

Aproximémonos desde una perspectiva evolutiva. Se observa como la espina dorsal de los pescados, como primeros vertebrados y antecesores nuestros, los ayuda a moverse adelante hacia el alimento y como los órganos sensoriales y su procesador, el cerebro, se desarrolla en el extremo anterior para sacar la información del medio y dirigir la actividad motora necesaria para sobrevivir. Todos los movimientos son organizados en relación en la cabeza y la espina dorsal porque todo movimiento requiere un desplazamiento hacia adelante en el plano horizontal.

En los vertebrados cuadrúpedos esta relación de la cabeza con el cuerpo se complica evolutivamente por el hecho de que los animales terrestres se tienen que levantar del suelo para poder moverse adelante ya que fuera del agua está mucho más presente la fuerza de la gravedad.

En los humanos, la cabeza y la columna vertebral ya no están dispuestos horizontalmente en concordancia con el sentido del movimiento. Sin embargo, todavía nos tenemos que organizar contra la gravedad con la cabeza guiando al cuerpo, y todavía nos movemos en gran medida en relación con la información sensorial que nos llega de los ojos, los oídos y la nariz. La cabeza ya no está dispuesta en la dirección del movimiento, sino que va hacia arriba, permitiendo el movimiento en cualquier dirección elegida. Por lo tanto, incluso en los seres humanos de funcionamiento vertical, la relación de la cabeza con la columna vertebral es la coordinación básica y primaria de organización de la postura y el movimiento, como en cualquier vertebrado.

Si queremos profundizar en la relación postural de la cabeza con la columna vertebral o el torso, tenemos que señalar en primer lugar que en los vertebrados terrestres los músculos realizan una doble función: producen movimiento y mantienen el apoyo postural contra la gravedad.

Esta función postural de los músculos es tan básica que es imposible hablar de movimiento sin hacer referencia a ello. Para que se produzca algún movimiento específico, el sistema muscular en su conjunto tiene que mantener la estabilidad de todo el esqueleto en relación con la gravedad: con la cabeza equilibrada en la parte superior de una columna vertebral en posición vertical.

Los músculos primarios que proporcionan este apoyo antigravitatorio a los humanos son los extensores de la espalda y las piernas.

Los flexores doblan el tronco y las extremidades por las articulaciones; los extensores extienden las extremidades y apoyan contra la gravedad. Los extensores más importantes son los músculos del cuello y de la espalda. La espalda tiene cinco capas de músculos. Las capas más superficiales mueven las costillas y los hombros y no participan directamente en el apoyo del tronco hacia arriba. Son las dos capas más profundas las que se encuentran a lo largo de la columna vertebral y las que forman los extensores del tronco.

La primera capa se compone de una serie de pequeños músculos situados entre las vértebras de la columna vertebral a lo largo de toda su longitud, desde el sacro hasta la base del cráneo. Su función es la de mantener la longitud y el apoyo de la columna vertebral. La segunda capa está formada por músculos largos que se extienden verticalmente en fajos por toda la longitud de la espalda (erectores de la columna), también desde el sacro hasta la base del cráneo. Su función es mantener la estabilidad del tronco en conjunto para evitar que caiga hacia delante.

Al contrario de lo que podría parecer, el cráneo no está centrado en medio de la columna. De forma que, al ser la parte anterior más pesada que la posterior, la tendencia “natural” es que el cráneo se incline hacia adelante desde la articulación atlantooccipital. Este peso hacia adelante ejerce un estiramiento de los músculos extensores de la parte posterior del cuello. Lo cual contrarresta la tendencia de estos músculos a acortarse y contraerse, reduce la presión hacia abajo del cráneo sobre la columna vertebral y tiene el efecto de alargar la columna vertebral.

Este alargamiento de la columna vertebral es crucial para el buen funcionamiento de los músculos posturales más profundos que la apoyan. Las vértebras están amortiguadas por discos llenos de fluido con propiedades hidráulicas, que confieren sostén a la columna vertebral. Ciertas posturas habituales, observadas en los dentistas, como echar hacia atrás o hundir la caja torácica hacia delante, tienden a presionar los discos, que pierden este sostén e integridad y pueden provocar TME.